Hoy, me gustaría que enfocaras tu atención, durante unos momentos, sobre esta cuestión: Si entrenas tu cuerpo y realizas diferentes tablas de ejercicios para fortalecer y estirar los distintos músculos de tu cuerpo, para encontrarte mejor físicamente, o por la razón que sea, ¿por qué no entrenas también tu mente? Al igual que tu cuerpo, tu mente necesita ejercitarse para mantenerse en forma.

Quizás no te hayas dado cuenta, pero el pensamiento es una herramienta a la que le hemos dado todo el poder, creemos que lo que pensamos es la “verdad”; vivimos atrapados en juegos conceptuales de los que no sabemos salir para explorar la realidad de forma directa. Y todo esto, ha tomado el control de nuestra vida y guía nuestras emociones y conductas.

¿Te ha pasado alguna vez que has tratado de no pensar en algo, como por ejemplo, en una tableta de chocolate, y no lo has conseguido? Normalmente, cuando queremos “no pensar” en algo o hacemos el intento, provocamos el efecto contrario, es decir, fortalecemos lo que queremos evitar.

En este caso tan cotidiano, ¿se te ocurre qué hacer? Lo único que podemos hacer es calmar las aguas revueltas de nuestra mente, para que los pensamientos que surgen de ella ganen en calidad. La respiración, la observación atenta del cuerpo, la estimulación sensorial y la gestión adecuada de las emociones favorecen unos pensamientos más “inspiradores” en la interpretación de la realidad. Estas son algunas de las habilidades que adquirimos cuando entrenamos nuestra mente.

Visualiza un gato callejero. Y ahora, una persona que cada día alimenta al animal. El gato cada día vuelve al lugar donde encuentra comida, ¿verdad? Pues tus pensamientos y tus emociones, volverán también una y otra vez si les das de comer (pensamiento rumiativo y recurrente, emociones tóxicas), es decir, cuando tu energía está enfocada, por ejemplo, en algo que pasó hace dos años y, lejos de quitártelo de la cabeza, lo alimentas pensando una y otra vez en las diferentes formas en que podías haberlo resuelto, o en cómo se comportó tu familia contigo, o lo que sea. En vez de aprender de aquella situación y aprovechar la oportunidad de cambio, seguimos dándole vueltas a algo que ya no tiene solución. Prueba a ver qué pasa cuando cambias tu conducta y observas tus pensamientos, deja que vayan y vengan, aunque sin darles de comer y, sobre todo, añade un nuevo ingrediente: la sonrisa interna (también entrenamos el corazón).

Para poner esto en marcha, sólo necesitas incrementar tu capacidad de observación y atención. La apertura, la curiosidad, la confianza… vendrán de la mano. Sé paciente y confía. La atención plena o mindfulness es una capacidad que todas las personas pueden desarrollar. Como sucede con cualquier habilidad, incrementar la atención requiere práctica a lo largo de un período de tiempo. Aunque, a diferencia de otros tipos de aprendizaje como tocar el piano, mindfulness aporta resultados inmediatos.

Y, si no sabes cómo hacerlo, nosotros te ayudamos con nuestros “Entrenamientos de atención plena” en los que aprenderás a observar los contenidos de tu mente en el momento presente, te ejercitarás en el conocimientos y gestión de las emociones, disminuirás tus niveles de estrés y ansiedad, recuperarás tu equilibrio interno y la capacidad de observar lo que te rodea (interior y exteriormente) de una forma más “real”. En definitiva, los entrenamientos de la atención plena te ponen en contacto contigo (con tu mente, tu cuerpo y tu corazón) y con tu entorno. Regálate momentos de crecimiento y bienestar que te aportarán una vida más saludable y plena.

Más información en el 657 513 385.

Gracias por ser un “poquito” más atento contigo mismo. Sólo es cuestión de actitud.
Abrazos de Corazón a Corazón.