Esta historia que voy a contarte puede ser ficción o realidad, sólo tú tienes el poder de elegir y transformar aquello que no te gusta.

Imagínate un viernes por la noche. Acabas de llegar a casa y tus tripas rugen como si hiciera días que no comes. Abres la nevera y todos los armarios de la cocina buscando algo que llevarte a la boca. Todo es en vano. Has tenido una semana dura en el trabajo y se te olvidó ir a la compra. Has encontrado algo por ahí, aunque no suficiente para cocinar algo, algo conocido quiero decir, eso que normalmente cocinas.

Además, estamos casi a fin de mes y estás más pelado que el culo de un mono, así que la opción “comida rápida” tampoco entra en tus planes. Tus padres están lejos y ¡ups! no te habías dado cuenta la hora que es, con lo cual, la opción “auto invitación” en casa de alguien, descartada también.

Tu hambre sigue creciendo y no sabes qué hacer, te das por vencido. Te sientas en el sofá y maldices tu “suerte” y a ti, por no tener un trabajo mejor y ganar más dinero, a tu jefe, por ser un “rata”, te regañas a ti mismo por no haber sacado ni un hueco para ir a la compra o tener, al menos, algo de reserva por ahí. Sigues con tu historia y te recriminas por “estar solo”, por no saber cocinar, por estar cansado, por tener pocos recursos… bla… bla… bla…

Quieres comer, necesitas comer. Aunque no haces nada por atender tu necesidad, bueno sí, lo único que has hecho es quedarte paralizado, sentado en el sofá, quejándote. No te has dado cuenta, pero estás rechazando todo eso que no te gusta, te has ido al pasado y estás dándole vueltas a todo eso que no tienes y “no eres capaz” de conseguir. No sé si te has dado cuenta, pero te estás perdiendo la vida. Eso que está pasando ahora es la vida y tú te has desenganchado.

Rebobina.

Vuelve a la imagen del principio: acabas de llegar a casa y no encuentras nada para comer, sólo unas cuantas cosas que no sabes qué hacer con ellas.

Valorando la situación, quizá es el momento de plantearte una forma diferente de alimentarte. ¿Cuál es tu objetivo en este momento? Comer. Pues vamos a comer. Reunimos eso que hemos ido encontrando por ahí y decidimos ser creativos. También elegimos disfrutar cocinando. Es la primera vez que me permito cocinar algo que no sé en qué acabará, ¿será comestible? Jajaja. Decido disfrutar el momento con lo que tengo, agradecerlo, ser creativo y comerme lo que he preparado para mi con todo mi amor.

La cosa cambia, ¿no?

Ahora estoy en modo atento y relajado. Agradezco a todas las personas que han hecho posible que estos alimentos hayan llegado a mi y comienzo a sentirme en paz conmigo y con el resto del mundo. Huelo, observo, escucho, toco los alimentos en su preparación. Mis sentidos se abren y viven la experiencia. Finalmente, me sirvo la comida y sigo disfrutando de ella, la saboreo y me sacio. Ya no recuerdo ni siquiera que, al principio, me había parecido insuficiente para el hambre que tenía. Ahora, en este momento, estoy agradecido. Sonrío. Estoy en paz.

Es el momento de replantearme el tipo de alimentación que quiero practicar a partir de ahora, mejorar mis ingresos, vivir en pareja… ¿Qué puedo hacer hoy para conseguir mi objetivo? ¿Qué actitud elijo para transformar aquello que ya no me sirve?

La observación, la atención, la actitud, el foco, la acción y la com-pasión. Para mi son las habilidades que he de entrenar para lograr mi objetivo, cuando lo tenga claro.

Puedes quedarte en el sofá, preso de los pensamientos que te hacen vivir la carencia (económica, de relaciones, de aficiones…), enfadado contigo mismo, olvidando tu propósito en la vida, y tan cansado que no te apetece ni ser feliz. O puedes, reunir todos esos ingredientes que te he enumerado anteriormente y realizar tu mayor creación de manera creativa y disfrutando de cada momento, de cada presente: tu vida plena.

Recuerda tomar consciencia de todo lo que hay: lo que te provoca malestar, frustración, alegría, rechazo, etc. Reconocerlo es el primer paso para tu transformación y evolución personal.

Y ya que hemos hablado de gastronomía, condimenta este proceso con ternura, comprensión, amor, agradecimiento… y sentido del humor.

Si te ha gustado, compártelo.

Gracias.